09 febrero, 2011

Cerrando la historia que empecé...

Mis tulipanes!!!! Ya comenté por Facebook el motivo de no seguir escribiendo aquí. Apareció alguien que cambió mi vida, alguien por quien merecía la pena cerrar totalmente esa historia que os estaba narrando, y que tanto trabajo me costaba desenmarañar de mi interior, pero que necesitaba contar para ir cerrando la herida que me había abierto.
Pero me siento en deuda con vosotros, los que me habéis seguido tenéis derecho a saber cómo seguía la historia… aunque realmente ya quedaba lo más duro, lo más difícil… el final, y por ello creo que voy a dedicaros ese final de la etapa que marcó aquel tiempo de mi vida.
Me remonto a mediados de junio, poco después de “cobrar”  nuestra apuesta, yo me sentía contenta por el paso dado, por la complicidad conseguida, pero a la vez tenía angustia, ansiedad, por no saber qué pasaría con nosotros… Recordaba con intensidad una frase que me dijo ÉL y que me marcó durante mucho tiempo: “Hacía tiempo que nadie me besaba así, despacio, sin prisas, con sentimiento, como estás haciendo tú hoy”. Eso me hizo sentirme especial, pero a la vez me apenaba saber que alguien que estaba diciendo eso no podía ser para mí.
En el trabajo ÉL seguía comportándose igual, yo a veces mejor, a veces peor, continuaba con mi vida. Pero una tarde, una conversación me descolocó por completo:
ÉL: Puede ser que te eche de menos… es que después de aquel día…
YO: qué?
ÉL: que ya has pasado a otro escalafón en mi vida… sabes demasiado de mi!!
YO: a otro escalafón? ahora donde me tienes?
ÉL: fue el mejor momento que  he pasado contigo desde que te conozco me encanto!!
YO: me alegro 
ÉL: y no hablo de sexo
hablo de las otras cosas
me sorprendiste
fue inolvidable
Me parecía que hablaba con el corazón porque se sentía comprendido, lo que no llegaba a saber si eso sería bueno o malo, hoy por hoy, sé que fue malo porque llegó a generar unas expectativas o albergar unas esperanzas que luego se rompieron...
Conforme iban pasando los días yo me sentía extraña. Surgían encuentros sexuales, que ni me estimulaban, ni me beneficiaban, no hacían más que confirmar que estaba demasiado pillada por ÉL y a la vez descubría que no me llevaba a ninguna parte. Que estaba  entrando en una espiral sin salida, sin sentido, sin fondo, sólo caía más y más profundo, sin saber de qué forma podría salir. Así que decidí ser “valiente” y contarle mis sentimientos. Supuso un desahogo para mí, sobre todo porque ví que tipo de hombre era ÉL, se me empezó a caer la venda de los ojos y comprender lo que tanta gente me había dicho y yo no era capaz de darme cuenta.


No valoró en ningún momento mis palabras, mis emociones, se limitó a decirme que teníamos que dejar de relacionarnos y cuando se me pasara el jaleo mental que tenía, volveríamos a tener una relación tranquila, sin comentarios que pudieran confundirme, y que si yo quería ÉL podía ayudarme a hacer que lo odiara. Obviamente yo no quería eso… prefería pasarlo mal y llevarme bien con ÉL, porque no quería cambiar mi forma de ser y menos por ÉL. Sólo tuvo un bonito gesto hacía mí diciendo que no quería perderme como amiga pero que si lo iba a pasar mal prefería desaparecer de mi vida en la medida que le fuera posible.
Ya puestos en la conversación no me quedó más remedio que preguntar…
YO: porque me buscaste? porque "necesitas" otra cosa distinta a tu mujer?
ÉL: yo no te busqué, apareciste delante mía, y como lo mío me aburre y no va bien encontré a alguien que me interesaba y que merecía la pena
YO: sigues pensando igual?
ÉL: no lo sé, mereces la pena sí pero por otro lado no quiero que lo pases mal, no vale enamorarse de mí.
Ahí casi acabó todo… Llegaron las vacaciones y apenas nos veíamos, pero un mal entendido, por terceras personas, como siempre, me hizo derrumbarme por completo, creo que caí donde no había más oscuridad. No hubo más palabras entre nosotros, lo único que me dijo: la traición produce más decepción que una mentira, o por lo menos para mí es más importante que me traicionen a que me mientan. Sólo os puedo decir que esa fue su última frase hacia mí. Yo le pedí, le supliqué una explicación. Para no variar su forma de ser nunca me la dio. Y yo me cansé de esperar a que me la diera. Lo borré de mi vida, de mi cabeza y de mi corazón.
Lo pasé mal durante unos meses, hasta que conseguí cerrar la herida, que pensé que tardaría más en sanar de lo esperado. Me ayudó mucho el escribir, contar la historia me hacía ir despertando del sueño que algún día imaginé que podía hacerse realidad. También es cierto, que el tiempo pasa muy deprisa y pone a todos en nuestro sitio.
Ahora todo ha vuelto a la normalidad. Seguimos siendo compañeros de trabajo. No ha habido nada más. ÉL sigue con su vida, y yo con la mía. Hablamos con total normalidad, como cuando nos conocimos, cuando  no había nada entre nosotros. Por suerte, creo que algo de amistad queda, eso me lo está demostrando, al no guardarme rencor, a no remover lo que en su día le hizo daño de mi forma de actuar, y al menos eso dice algo positivo de ÉL.

Sólo queda deciros que agradezco a todas mis amigas que me han apoyado durante esta etapa de mi vida y que, por suerte, desde diciembre soy la mujer más dichosa del mundo. Fui capaz de cerrar esa historia, y cuando menos lo esperaba… apareció Mr. J. Es un cielo de persona, no tengo palabras para agradecerle lo inmensamente feliz que me hace, y desde este rinconcito dedicarle el resto de historias que pueda escribir. J. se merece lo mejor, y espero poder dárselo, porque él ha sido lo más mágico y lo más maravilloso que me ha pasado en esta vida y me doy cuenta de que el amor verdadero existe y hasta que no apareció él no lo pude comprobar.

09 diciembre, 2010

APUESTAS...


Adopté la actitud de frialdad ante los demás. Es lo único que cumplí de los propósitos planteados en las vacaciones, porque realmente de ÉL no podía olvidarme. Ante ÉL también me mostré pasota, indiferente, apática, hasta glacial con ÉL. Le engañé diciéndole que había estado con otros. Logré que se pusiera celoso, cayendo al instante ante mí, reconociéndome que lo tenía en mi mano, que podía hacer con ÉL lo que yo quisiera.
Llegó Junio, más calor, menos ropa, más piel. Surgió el juego, y nació una apuesta. La ocasión tuvo lugar con motivo de una celebración que se organizaba. Sugirió apostar. Acepté sin dudar, sin saber a qué íbamos a jugar, sin saber qué se traía entre manos, o mejor dicho entre las piernas. Todo consistió en ver quien acertaba el número de asistentes. Yo dije 200, ÉL 600. Si yo perdía, se la comía. Si ÉL perdía, me lo comía. Si ninguno de los dos acertaba, simplemente follaríamos para quitarnos la pena de perder la apuesta.
Me preparé para ese día. Iba dispuesta a arrasar, a no pasar indiferente ante ÉL, y lo conseguí. Desde primera hora sabíamos lo que estaba en juego. Mostré mis armas, bueno mi escote. ÉL con su mirada reflejaba lo que pensaba. Quería que terminara el recuento para ver el ganador del juego, que al final nadie venció. Tablas. Pero no importaba el resultado. Tocaba cumplir la apuesta, cuanto antes mejor.
Pensé que sería imposible encajar las agendas, pero cuando se quiere algo con tanto deseo, todo fluye y confirmamos día. Reconoció que quería comerme viva, que yo sabía perfectamente que estaba deseando estar conmigo una tarde de pasión…La tarde se convirtió en una mañana del 10 de junio. A la salida de mi examen nos veríamos. Me encontraba ilusionada, emocionada por tenerlo en mi cama. Ansiosa y deseosa de volver a estar con ÉL, a solas.
Directos a la habitación. No queríamos esperar, queríamos devorarnos sin pausa. Fueron 1, 2,3… miles de besos recorriendo nuestros cuerpos, miles de caricias que quemaban la piel, infinitos los rincones por descubrir, infinita la pasión, la complicidad. Insaciable el deseo que nos teníamos. Perdiéndonos del mundo nos saboreamos de arriba abajo, nos fundíamos en explosiones de placer sin límite. Y volvíamos a derretir nuestras ganas en nuestra boca, en nuestro cuello, en cada centímetro, en cada postura. No teníamos fin. Me dejaba hacer lo que quisiera. ÉL se prestaba a mis antojos.
Largos silencios, profundas miradas. No quería que acabase ese momento. No quería volver a la realidad. Deseaba amarrar ese instante en el que me sentía única. SOLOS ÉL Y YO. Nadie más. Pero en un instante me derrumbé. Me quité el caparazón. Dejé mi corazón a su merced. Me di cuenta de lo arriesgado de la apuesta, justo en el momento en el que dije que lo quería…ÉL me calló con un beso de esos que no se pueden definir, que te dejan en blanco, que luego te marcan, que valen por todos.
Pero acabó la mañana. Había que regresar a la realidad. Yo a mi soledad. ÉL con su familia. Nos despedimos con una caricia. Un hasta mañana. ÉL con semblante serio. Yo con gafas de sol llenas de brumas.

17 noviembre, 2010

Las impresiones nunca tienen nada que ver con la realidad

Sí… decidí alejarme. Harta de ser su marioneta, ÉL sacó su orgullo, dejó claro que se sentía dolido ante ese comentario, que yo debía pensar muchas veces antes lo que le decía. Pero ¿qué se había creído? Llevaba aguantando casi un año, sufriendo ser “la otra”, ilusionándome con nimiedades, conformándome con lo poco que me daba. Claro que pensaba todo lo que le decía, aunque a veces es mejor decir todo de una puta vez y dejarse de rodeos. Yo había decidido apartarle de mi vida, ÉL lo aceptó de un modo egoísta, se enfadó y me dejó claro que no me volvería a tocar.
JA JA JA. Ironías de la vida… eso no es lo que ÉL quería. Su realidad se resumía en:
-          Que no quiera hacer nada contigo, no quiere decir que no me pongas cachondo cuando te miro o cuando hablo contigo.
-          Tú decidiste eso, eres libre de hacer lo que quieras.
-          Sí, eso te lo dije en su momento, pero OJO en aquél momento, no ahora.
Y, ¿ahora qué? ¿Me odiaba? ¿Me quería sin querer? ¿Anhelaba mi cuerpo? ¿Cómo podía yo afrontar ese cambio en su forma de comportarse conmigo? ¿Cómo podía esa persona cambiar de esa manera en sólo una semana? Había pasado de no querer tocarme a desearme… a volver a soñar conmigo, con nosotros juntos. Pero PASO. No podía tenerlo en mi cabeza las 24 horas del día, no podía seguir sintiendo algo por ÉL. No podía seguir en ese estado. Sí ya había decidido alejarme, eso haría… me  tomaría una semana de vacaciones, me vendría bien y además iba a estar toda la semana de fiesta. UNA SEMANA. Respirar, intentar olvidar, recapacitar, poner en una balanza, otra vez, todo este año. Nada más que pensar que ya llevaba un año desde que empezó a conquistarme, todo lo que había pasado entre nosotros, lo que habíamos vivido.… No me daría tiempo en una semana a lograr recomponer el rompecabezas en el que estaba... pero iba a intentarlo, me lo había propuesto.
Ante todos me mostré feliz, había decidido pasar página y esa era la impresión que iba a darle a todos. Estaba harta de que mi cara reflejara todo lo que mi corazón sentía, eso me recordaba una y otra vez que me había enamorado del hombre equivocado. Pensé que, de esta manera, algún día me lo creería hasta yo misma, y sería capaz de olvidarle. Que ilusa llegué a ser… Mi realidad era distinta, no era capaz de ver a nadie más, no fui capaz de dejar de pensar en él durante mis mini vacaciones, no pude probar a nadie más porque sólo lo quería a ÉL, no me sentía con fuerzas de probar otros besos, fundirme con otros cuerpos. NADA. ÉL se había anclado demasiado fuerte en mí, y al volver a buscarme estaba haciendo resquebrajarse a la coraza que me había puesto.
Volví al trabajo y con ello a  caer en su telaraña, iba tejiéndola con sus palabras, su mirada, su sonrisa. Regresó ese cosquilleo inevitable. Sentí miedo de entrar otra vez en el laberinto, de romper la barrera que yo sola había conseguido levantar, pero sentía que lo necesitaba, pensé que escapar no me sirvió de nada. No supe encontrar un punto en común entre sentimiento y razón, sólo debía rendirme a mi realidad y afrontar que mi corazón dirige mi vida.

06 noviembre, 2010

TRISTE, RECAPACITANDO...

Hace años un buen amigo me dijo que en todas la relaciones hay alguien que da más que el otro. En esta ocasión, yo siempre pensaba en qué hacer, en qué decir, jugaba a intuir lo que debía suceder para que todo marchara bien. Tras el tropiezo anterior me sentía culpable por todo lo que decía, por todo lo que hacía, sólo conseguía darle vueltas a lo mismo, volviéndome negativa y sumiéndome en un estado de tristeza infinito por considerar que no había estado al nivel que ÉL esperaba de mí.

Me sumergí en una espiral de culpabilidad, de apatía, de desgana, me volví irascible y comencé a exigir explicaciones que no debía pedir, porque a fin de cuentas, yo le había permitido entrar en mi mente y en mi corazón, aún sabiendo el daño que me causaba. ÉL seguía tratándome bien, siempre con su sonrisa que me animaba a luchar. Intentaba estabilizar mis emociones, pero sólo conseguía hundirme más en la melancolía y en lo que anhelaba que ocurriera entre nosotros. ÉL me dijo que cada vez que intentaba acercarse a mí, yo estaba a la defensiva, que le daba palos, y que estaba cambiando mi forma de tratarlo y no era de consciente del daño que podía hacerle.

Por suerte, un viaje a la fría Alemanía, en pleno invierno, me haría reflexionar, tomar aliento y seguir, ser fuerte y afrontar mi situación, ser coherente con mis sentimientos y admitir, por primera vez creo, que me había equivocado, que la relación que teníamos para mí no era solo morbo y sexo, me había enamorado de ÉL. Así que no debía arrepentirme de sentir, de intentar disfrutar lo que la vida me estaba poniendo en mi camino. Las cosas siempre suceden por algo, y ÉL y yo hemos coincidido en el vagón del tren de nuestra vida, y entre ironías, guasas, situaciones bastantes calientes y volviendo a ser complices y confidentes el uno del otro, fueron pasando los días y los meses. Me sentía mejor y ÉL seguía demostrandome su interés hacía mí, animándome a tirar pa'lante.

Había días en los que me sentía vacía, su forma de ser siempre me ha descolocado, y su dejadez en algunos momentos me hicieron considerarme como una marioneta en su vida, a la que podía utilizar a su antojo, y en esta ocasión mi carácter me sirvió para ponerme en mi sitio, hacerme mi hueco y pasar de estar en un "ni contigo, ni sin ti", para ser YO y centrarme en mi vida sin él.

Por suerte, lo hice en el mejor mes, mayo, mi mes favorito, lleno de cosas por y para celebrar, para vivir con alegría la llegada del buen tiempo, y disfrutar de la vida sin complicaciones. Mis amigos, mis fiestas, salir, entrar, conocer gente nueva, sirvió para reforzar  la confianza en mí misma. Valoré que ÉL no tenía el derecho de minar mi autoestima y que yo era más fuerte, no tendrían cabida en mi vida ni arrepentimientos, ni lamentos. Su presencia había marcado mi vida, y así seguirá siendo, pero es mi vida y voy a ser capaz de seguir, y mirar atrás solo para recordar los buenos momentos, y hacia delante para seguir disfrutando, porque ÉL sigue en mi vida...

18 octubre, 2010

Tras la cal... la arena

Los malos momentos llegan de improviso, cuando menos lo esperas y cuando más daño pueden hacer. Justo tras el bueno momento que disfrutamos juntos, todo se torció, se volvió amargo.

El día siguiente de nuestro encuentro no pudo ser más oscuro, triste. Me sentí vulnerable ante todos los comentarios que, supuestamente ÉL había hecho de mí, aquello minaría nuestra relación. Sé que quien me bombardeó con todas esas reseñas no quería verme sufrir, no quería que ÉL me hiciera daño, pero a veces la ignorancia es la mejor arma para no sentirse como un trapo sucio y usado, y en aquella ocasión, hubiera preferido ser una completa idiota y no entender todo lo que me estaba contando.

Comentarios como que yo le agobiaba, que iba siempre detrás de él, llegaron a mis oídos, a través de una conversación entre mi amiga y su amigo, la cual, hoy pienso que no debería haber sucedido, porque si en una relación tres son multitud, cinco es una bomba de relojería, que puede explotar en segundos.

Ante todo esto mi carácter cambió, instantáneamente me volví borde, pasota con ÉL, era una simple máscara ante el dolor que estaba sintiendo, ante lo que me parecía una traición a nuestra confianza, y me sentí decepcionada e indefensa. No pude ser valiente, no pude mirarle a la cara y decirle todo lo que debería. Decidí escribirle, expresar con palabras escritas el cúmulo de sentimientos que albergaba mi alma. No había sido mi intención agobiarlo, sólo había seguido el juego que ÉL empezó y sentía que  no había jugado limpio, que había estado interpretando un papel, cual actor en el papel de su vida. En definitiva, estaba echa mierda por absurdos comentarios de terceras y cuartas personas, ajenas a nuestra relación y me sentía dolida en lo más profundo de mi corazón por haberme enganchado a una ilusión imposible.

Con todo esto, pensaba que ÉL no contestaría. Sin embargó esa misma noche llegó su respuesta. Me pidió explicación de porqué me había decepcionado, porqué le había dicho que no había jugado limpio, que me había utilizado. Se había quedado de piedra ante la dureza de mis palabras. Y estuvimos hablando de todo lo sucedido. Se aclararon algunas cosas, otras han seguido persistiendo en nuestra historia. Ambos reconocimos que habíamos tenido fallos. Yo principalmente reconocí el no haber sido valiente de afrontar la situación, pero mi miedo al dolor, a sufrir, mi duda eterna de ser su juguete, saber que ÉL está casado y que todo puede ser una ficción... todo eso es más poderoso que cualquier otra cosa, y nunca se sabe como vas a afrontar algunas circunstancias hasta que éstas no aparecen en nuestro camino.

Tras esto, yo sabía que ÉL no se comportaría igual conmigo, que no confiaría en mí, saqué conclusiones antes de preguntar, antes de corroborar los comentarios con la persona que debía explicármelo, y no con otros, sólo conseguí perjudicarme y dañar lo que teníamos entre los dos. Pero ÉL me dio un voto de confianza, siguió tratándome igual, me demostró que no me guardaba rencor, que seguía interesado en mí, que el paso que dimos el día anterior no había sido en vano, ambos queríamos volver a repetirlo, no nos arrepentimos de lo sucedido, y poco a poco volví a poner mi corazón en ese sueño del que no quería despertar, aunque dentro de mí, supiera que todo podía ser mentira.

02 octubre, 2010

Los malos momentos tienen recompensa

Tras mi frustrado intento de cita desenfrenada de lujuría y pasión, me encontraba en un mal momento. Estaba ante la eterna duda de elegir entre razón y corazón y ÉL se dio cuenta, aunque claro, dado su carácter poco comunicativo, sólo se dedicaba a dar rodeos, para llegar a la conclusión de "no soy bueno para tí, no puedo atenderte como necesitas en estos momentos me es muy dificil quedar, coincidir contigo, y dar un paso más va a complicarlo todo". Yo intentaba justificar todas sus negativas, todo lo que ÉL decía yo le daba la razón, y seguía sin darme cuenta de que mi cabeza iba a estallar, que no podía llevar esa relación que tanto afectaba a toda mi vida. Sentía que estaba tirando mis ilusiones a un contenedor, que toda la alegría que había sentido meses atrás se iban perdiendo, se quedaban en un simple recuerdo de algo que pudo ser y nunca llegó.

Mis amigos se daban cuenta de la situación por la que estaba pasado. Encontré apoyo en algunas personas que sin saber nada de la historia me tendieron su mano para poder resurgir. Obviamente no era fácil explicar mi situación, de hecho muchos de ellos, hoy día no saben absolutamente nada. Otros han sido mi salvavidas, aquellos que siempre me han sacado una sonrisa y a las que les debo mucho. Siempre me escuchan y. aun sin compartir ni  enteder  mi locura, han seguido a mi lado.

La Navidad hizo más daño. Desde hace mucho tiempo para mí es una fecha que  no significa nada. Al contrario. Sólo me hace sentir melancolía, nostalgia, pesimismo. Pero siempre hay rayitos de luz que ilumina las noches más oscuras. Y uno de esos rayos fue ÉL. Apenas coincidimos por aquellas fechas, ni nos llamabamos, pero una sóla conversación, el mismo día de Naidad, me cambió el ánimo. Estaba preocupado por mí, lo que alimentó de nuevo mis ilusiones, y quise ver que con el Año Nuevo podían venir cosas nuevas... como así fue...

El reencuentro fue muy especial. Lo recuedo intensamente, como si fuera ayer. Era jueves, uno de esos días en los que cualquier cosa es más interesante que una pila de papeles sobre la mesa. De esta manera, yo en mi despacho, ÉL en el suyo, empezamos a charlar. La conversación subía de tono con cada frase, con cada palabra. Estábamos deseado entregarnos el uno al otro, pero dada la imposibilidad de saciar nuestra sed en ese instante ÉL propuso: MAÑANA: DESAYUNO Y SEXO.

Yo estaba muy neviosa. Iba a culminar lo que tanto anhelaba hacer con él, y me daba igual ser la otra... la culpable de una infidelidad en toda regla. Me merecía pasar un buen rato con ÉL, después de tantas amarguras. Así que a cometer la locura. Dejamos nuestro trabajo, en horario laboral y dimos rienda suelta a nuestros instintos, a nuestros deseos.
Durante el desayuno, ibamos calentándonos. Me encantó el morbo de imaginar lo que iba a suceder, de sentir como se encendía con mis caricias bajo la mesa, y como las miradas eran el preludio de algo muy intenso. No teníamos mucho tiempo así que le dimos un uso diferente a las instalaciones deportivas. Sucumbimos rapidamente el uno al otro, recorrimos cada palmo de piel, sintiendo como nos derretiamos, como nos erizabamos con cada abrazo, cada caricia, cada postura.

Poco a poco nos acomodamos, yo sobre ÉL, sintiéndolo dentro de mi, experimentado como nuestros cuerpos iban danzando a la vez, como nuestra respiración iba acelerándose, nuestras miradas ardían de deseo, placer, pasión. Sus brazos me agarraban fuertemente, su cuello era presa de mis besos. Su lengua recorria todo mi pecho de una manera tan sensual... Terminados agotados, exhaustos de tanto deleite carnal. Pero... tocaba volver a la realidad, y hacer frente a lo que nos quedaba, porque en esta vida hay recompensas, pero los finales felices sólo existen momentaneamente.

24 septiembre, 2010

Canciones, insinuaciones, explicaciones...

En mi vida he conocido muchos chicos que utilizan como estratagema amatoría el uso de canciones, y como no podía ser de otra manera, ÉL también es de esos, y a mi parecer tiene buen gusto musical, eso siempre lo dije y  lo diré. Y canciones con significado para nuestro momento.
"SI PUDIERA"... pedazo de letra, explicaba como se encontraba en ese momento, sí, lo que no podía darme ni ofrecerme,  pero algo que quería que pasara entre nosotros... Siempre me ha gustado mucho esa canción. Hoy es una de mis preferidas, lo reconozco soy una romanticona, y esas pequeñas cosas me marcan, se me graban a fuego dentro de mi ser.
Por mi parte me sentía cada vez más ilusionada, aunque teniendo claras las mil dificultades que podría encontrarme en mi horizonte, y en el suyo. Pero no me importaba, no tenía miedo, mi corazón había decidido tirarse a la piscina con ÉL, por ÉL. Mi mente me decía que corría el gran riesgo de llorar por él, de sufrir por él, y es que sentía que... "MORIRÍA POR TÍ", en este caso por ÉL. Ante mis dudas ÉL me dijo que no quería perder los papeles, que si  lo que estaba pasando nos gustaba, debíamos disfrutarlo.
Todavía hoy, no sé si sus palabras eran ciertas o no. "No puedo estar tantos días sin verte"," No pases de mi... a veces soy así de despistado, me gustas mucho, y no puedo darte lo que quisiera, pero claro que me afectaria que pasaras de mi, a ti no?". No coincidiamos tanto como nos gustaría. Yo me inventaba mil excusas en casa, en el trabajo,  para verlo, para estar cerca, sentirlo, tocarle, besarle, acariciarle, o simplemente, mirarle a los ojos en silencio, esos silencios que decían más que las palabras. Esa mirada que tanto me gusta, que expresaba más de lo que decía.
Sin saber como... aún viviendo todo eso que tanto me gustaba... ÉL empezó a distanciarse, no me dio explicaciones, yo las pedí sin encontrar respuesta alguna. Y lo reconozco, mi carácter me puede, soy muy borde, muy directa cuando quiero algo, las cosas se dicen a la cara, y viendo su pasotismo,  con un gran pesar decido alejarme, porque ÉL ha echado el freno a lo que estabamos disfrutando. Aún así, y sin hacer caso a mi propia decisión, intento organizar una cita a solas, como habíamos hecho antes, pero una cita para conseguir acostarme con ÉL. No habíamos pasado de los besos y los roces, y yo sé como se pone cuando me insinuo, cuando lo miro. Sé que me desea.  Y voy a por ÉL. Quiero tener única y exclusivamente sexo.
Sin embargo... ÉL decide rechazarme ¿Sus motivos? Dice que no es su estilo, que tiene que darme más de una explicación antes de hacerlo, pero que está deseando, que lo ha imaginado muchas veces, pero no es el momento. Creo que en ese instante, me sentí dolida por su negativa, pero a la vez, pensé que sería porque había algo más. Tal vez no quería solo sexo conmigo, y quería una relación más seria. En su día no lo entendí, hoy tal y como han sucedido las cosas tampoco, porque si somos adultos ¿por qué no hacerlo sin complicaciones, sin condiciones? Creo que fui directa, muy directa. Le doy mil vueltas a lo que me dijo ¿Qué me tiene que aclarar?